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Los uruguayos y el tercer nivel de gobierno: ¿billetera mata galán?

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Como pasa con todos los dichos populares, no hay evidencia empírica que lo respalde. Pero ¿quién no lo ha pensado? Y no es que se aplique solamente al campo de las relaciones amorosas, sino que este dicho es cada vez más utilizado como una metáfora en amplios campos de la vida cotidiana. La prevalencia del dinero sobre las características personales es, de esta manera, puesta en tela de juicio por todos nosotros. El lector se preguntará a esta altura qué tiene que ver “billetera mata galán” con el tercer nivel de gobierno. Y es justo, yo también me lo preguntaría. Pero les pido que sean pacientes y lo descubramos juntos.

Siguiendo la línea de mi columna pasada[1] (en la que puse en discusión la aparente disputa que existe entre los miembros de los concejos municipales y los de las juntas departamentales y reivindiqué la necesidad de una mayor visibilidad del tercer nivel de gobierno) en esta columna me quiero centrar en los concejales. Ellos, obreros de pico y pala y constructores de los cimientos del sistema democrático, no reciben el reconocimiento que merecen. De hecho, en una investigación recientemente publicada (Ferla et al. 2016)[2] surge que el 75% de los uruguayos sabe poco o nada sobre qué son y qué hacen los municipios. A esta cifra poco alentadora se le suma que apenas el 23% de la ciudadanía afirma saber cuál es el rol de los concejales[3], mientras que una mayoría absoluta del 56% manifiesta que no lo sabe.

Los concejales desempeñan un rol fundamental en la gestión municipal, sin embargo su visibilidad es muy escasa. Hay mucha gente que se refiere a los municipios como “alcaldías”[4], lo que pone claramente de manifiesto (y se corresponde con la evidencia empírica) una mayor preponderancia de la figura del Alcalde. Ahora bien, mis preguntas principales son ¿por qué pasa esto? Y ¿qué podemos hacer para cambiarlo? Tengo dos hipótesis al respecto -y acá es donde entra en escena el factor “billetera”-. La primera hipótesis explicativa es que, dada la percepción de la mayoría de los uruguayos respecto a que los municipios tienen escasa capacidad de resolución de sus problemas, su interés se dirige al escenario departamental y nacional, que son identificados como los espacios clásicos para definir la asignación de recursos, para canalizar sus demandas y satisfacer (o no) sus necesidades. La segunda hipótesis es que la figura del Alcalde resalta porque es un cargo rentado, lo que les permite una mayor dedicación (en muchos casos de exclusividad) a su tarea que los concejales.

De acuerdo a la citada investigación, tan sólo el 32% de la ciudadanía evalúa positivamente el funcionamiento de los municipios. Esta cifra va en el sentido de mi primera hipótesis. La mayoría de los uruguayos no ve a sus respectivos gobiernos municipales como actores válidos que tengan capacidad para resolver efectivamente sus problemas. Esto lleva a que la atención y los esfuerzos de la ciudadanía se dirijan hacia los restantes niveles. En el interior es muy común que los ciudadanos hablen directamente con los directores generales de la Intendencia cuando tienen un problema, e incluso con el Intendente. Quizá en Montevideo esto no sea tan frecuente, pero también pasa. Por otra parte, también es común que se recurra a los diputados electos en cada departamento. El razonamiento que está detrás de este comportamiento estratégico es simple “si el pescado se corta a nivel nacional y, en menor medida, a nivel departamental, ¿para qué ir a hablar con los concejales de mi municipio si puedo ir directamente a hablar con los directores generales, el Intendente y los diputados?”. La billetera (los espacios nacionales y departamentales de asignación de los grandes recursos) mata al galán (los actores locales que se esfuerzan en tratar de mostrarle a la ciudadanía que ellos existen y que son la primera línea de contacto).

Por otra parte, el hecho de que los alcaldes perciban un sueldo les permite tener una dedicación sustantivamente mayor que la de sus colegas concejales respecto a las tareas de gestión municipal. En este sentido, es muy común que los concejales sean personas jubiladas o que disponen del tiempo necesario para la tarea que los convoca[5]. El hecho de ser un cargo honorario, sumado a la alta dedicación que requiere la tarea, a la realidad de que muchas veces no pueden llevar a cabo todas las acciones que quisieran y al desestimulo que significa el escaso reconocimiento de la ciudadanía llevan a que en el correr de los cinco años que dura su mandato, muchos concejales titulares y principalmente suplentes[6] renuncien a sus cargos. Esta situación invisibiliza la figura del Concejal y es bastante lógico. Si ya de por sí el tercer nivel de gobierno tiene poca visibilidad y dentro de los municipios la figura del Alcalde es preponderante, no se puede esperar otra cosa para los concejales. Otra vez la billetera (el carácter rentado solamente de los alcaldes) mata al galán (los concejales que dedican una enorme cantidad de horas en forma honoraria para cumplir con sus responsabilidades).

Como dije anteriormente, una de mis preguntas es ¿qué se puede hacer para cambiar esta situación? En mi opinión, la respuesta pasa por dos niveles: en primera instancia se necesita que las autoridades departamentales y nacionales (léase directores generales, intendentes, diputados, senadores, ministros) redoblen su compromiso con la descentralización y el fortalecimiento de las instancias locales de gobierno. Cada vez que un ciudadano les plantee un problema la respuesta correcta sería que, si el planteo refiere a un área de competencia municipal, el ciudadano en cuestión debería ir a su respectivo municipio a realizar el planteo. Esto ayudaría a mejorar la visibilidad del tercer nivel de gobierno. En segunda instancia, es necesario que los concejales titulares sean rentados. Sólo de esta manera se les brindará la posibilidad de tener una disponibilidad de tiempo adecuada a las responsabilidades que tienen y, a su vez, daría la oportunidad de postularse a aquellos ciudadanos que no lo pueden hacer porque por su trabajo no tienen tiempo suficiente. Esto no significa necesariamente que sus sueldos sean iguales a los de los alcaldes, sino que perfectamente podría fijarse como un porcentaje del mismo. Este carácter rentado redundaría en una mejora cualitativa en la gestión municipal.

En conclusión, algunos estudios recientes muestran que la confianza ciudadana en las instituciones y en la democracia ha caído en Uruguay[7]. Frente a esto, es necesario reforzar el tercer nivel de gobierno, que, paradójicamente, es el primer contacto que tienen los ciudadanos con la estructura estatal. Para lograr una mejora cualitativa de la gestión municipal es necesario valorizar a los actores que la llevan a cabo, principalmente a los concejales que desempeñan su rol de forma totalmente honoraria. En este sentido, sería bueno empezar por un mayor compromiso de las autoridades nacionales y departamentales al respecto, así como por incluir la remuneración de los concejales titulares. La democracia es un valor supremo que debemos cuidar y mantener diariamente. Nadie dijo que eso no sale caro.

 

 

Foto: Congreso de Intendentes


[3] Este guarismo es un poco más alentador cuando hablamos de los alcaldes, cuyo rol es conocido por el 38% de los uruguayos.
[4] Respecto a esto, debo confesar que el día siguiente al que escribí esta columna leí una Resolución de un Concejo Municipal en la que se llamaba a sí mismo “Alcaldía”. Parece difícil que se logre una mayor visibilidad de los concejales si ellos mismos votan una resolución que los hace invisibles.
[5] Obviamente esto no quiere decir que todos los concejales sean jubilados, de hecho hay muchos ciudadanos que hacen un gran esfuerzo por hacer compatible su rol de concejales con su activa participación en el mercado laboral. Valdría la pena realizar un estudio de sociología política que permitiera cuantificar esta dimensión.
[6] En muchos municipios los concejales suplentes participan activamente de las sesiones del Concejo Municipal. En los hechos, la única diferencia entre titulares y suplentes es que los primeros tienen voz y voto y los segundos solamente voz, siendo necesaria la ausencia de los respectivos titulares para que éstos puedan votar.

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