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Una relación particular: La partidocracia y los concejos vecinales.

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Como hemos podido apreciar en las noticias y en los medios de comunicación de nuestro país, el pasado 30 de octubre las vecinas y vecinos de Montevideo votaron para decidir la nueva integración de los Concejos Vecinales.

Para repasar un poco de historia, en 1990 el Frente Amplio asumía por primera vez la gestión de la Intendencia de Montevideo, y con ello comenzó un proceso de descentralización del Departamento, el cual desembocaría en la reforma de toda la estructura municipal. Al día de hoy, Montevideo se encuentra dividido en ocho municipios, 18 Centros Comunales Zonales y 18 Concejos Vecinales.

Es en los Concejos Vecinales que esta breve nota tratará de centrarse.

Desde 1990 a la actualidad, el Programa de Gobierno ha intentado cumplir con el objetivo principal de “(…) fortalecer y profundizar la democracia, la construcción de un sistema descentralizado de gobierno y de ámbitos específicos para la participación ciudadana aptos para generar saberes y experiencias dinamizadoras del tejido social y fortalecedoras de sus iniciativas.”[1]. Los Concejos Vecinales particularmente, se crearon con el fin de “funcionar” como agentes de desarrollo en cada una de sus zonas. Los mismos se caracterizan por ser un órgano social y autónomo que tiene asignadas las siguientes competencias[2]:

1 – De iniciativa y propuesta:

Elaborar y proponer programas, proyectos y planes de interés zonal o local; proponer las medidas que estime convenientes para mejorar la prestación de los servicios y obras de interés local, sugerir nuevos servicios y obras.

2- De asesoramiento:

Asesorar a los órganos del Gobierno Departamental en lo referente a planes o proyectos para la zona, teniendo en cuenta las prioridades de ésta.
Este será preceptivamente requerido en el ámbito del Ejecutivo Departamental en el proceso de preparación de las prioridades del Presupuesto Quinquenal.

3- De colaboración en la gestión:

Colaborar con el Gobierno Departamental en el cumplimiento de las normas departamentales y su difusión entre los vecinos; en la evaluación de la gestión del Gobierno Departamental, la prestación de servicios y la ejecución de obras municipales dentro de la zona y en especial en el seguimiento de planes y programas relativos a la zona; organizar o promover actividades de carácter cultural, social, deportivo o turístico; desarrollar actividades de colaboración o cogestión en tareas de interés local, en particular con el órgano local o con otros Concejos Vecinales; cooperar en el cuidado de plazas, parques, playas y otros lugares públicos.

El día 31de octubre en el programa “En perspectiva”[3] hicieron una evaluación de lo que habían sido las elecciones de Concejos Vecinales y destacaban “como se movieron los partidos políticos para que determinados referentes fueran electos” y como éstos (los partidos) vieron que podían ejercer cierta influencia en la política local para formar cuadros políticos que diera lugar a los jóvenes para comenzar su militancia en un partido u otro.

Si bien el espíritu de creación de los Concejos Vecinales y las expectativas que se depositaron en ellos fueron muy buenas, la realidad da cuenta de otro tipo de situaciones. El hacer llegar a los niveles locales la participación y crear espacios para buscar soluciones a problemas puntuales que afectan a los propios vecinos, puede traer consigo resultados muy buenos de gestión y de gobernanza local.

Pero… en un sistema político como el uruguayo, el cual se caracteriza por su alto nivel partidocéntrico puede jugar una mala pasada. Como plantea Veneziano (2004)[4] la articulación del Estado con la sociedad surgidas de la descentralización en un sistema que es tan partidocéntrico puede replicarse en las nuevas instituciones y en la participación, partidizando las mismas. Que los partidos traten de cooptar espacios de participación ciudadana haciendo perder el propio espíritu de los concejos, genera una lógica político partidaria hasta en los últimos niveles de gobierno y esto se torna no muy favorable por las siguientes razones:

Pueden llegar a formarse cuadros políticos dentro de los propios concejos, y por tanto los partidos políticos interferir para maximizar votos; esto podrá fomentar o trabar la participación ciudadana según las ideas y proyectos que se voten en el Concejo ya que pueden estar más afines o no con determinada idea. Como plantea Laura Seré “La escala municipal podría ser la que más facilite la participación como medio para democratizar la democracia representativa, pero hay que tener siempre en cuenta, que los partidos políticos tienen la imperiosa necesidad de maximizar los votos para poder conseguir y luego mantener la posibilidad de llevar adelante sus proyectos políticos, sean estos altruistas en pro del bien común, o egoístas en pro de conseguir poder, prestigio e ingresos para los integrantes del partido.”[5]

Además, predominaría en un ámbito vecinal, la competencia política a nivel de base lo que generaría que los vecinos que simplemente participan por mejorar su barrio sin ningún interés político, se alejen o pierdan credibilidad en el mismo.

Por último, y de la mano del motivo anterior, la pérdida de credibilidad de los propios vecinos que participan, hacen que el concejo pierda relevancia en términos de participación y representación, y se genere confianza en otros actores y/o organizaciones sociales del barrio que muchas veces son privadas, que ellos mismo califican como mejor.

En resumen, resulta pertinente cuestionarse si es favorable institucionalizar la participación a través de los Concejos Vecinales o de lo contrario, la participación deba darse a través de otras instituciones instauradas en el territorio como clubes de baby fútbol, clubes de abuelos, comisiones de padres de niños de escuelas, etc. que hagan al ciudadano sentirse parte en espacios exclusivamente sociales sin ninguna interferencia política.

 


[1] GORRITI, P. y MAZZOTTI, M. (2013) “El proceso de descentralización en Montevideo: desde sus inicios al tercer nivel de gobierno 1990-2013”. Centro de formación y estudios. Intendencia de Montevideo.

[4] VENEZIANO, A. (2004) "Izquierda y descentralización en Montevideo. Zonas grises de la descentralización." Ecuador en debate (no. 61, abril), Quito: Centro Andino de Acción Popular. CAAP.

[5] SERÉ GUERENDIAÍN, L. "La militancia política partidaria en los Concejos Vecinales de Montevideo, Uruguay. Un secreto a voces y la política del avestruz." Universidad de la República. En: http://www.alice-comunicacionpolitica.com/abrir-ponencia.php?f=648-F5416c7666481410778982-ponencia-1.pdf

Foto: Twitter del Intendente de Montevideo Daniel Martínez 

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